La respiración se calma
y la sangre vuelve a su curso.
Se puede sentir como se apaga
cada trozo de luna
anidada en tus poros.
Se muere el instante.
Fallece esa escasez de tiempo
en la oquedad del puño,
mientras el sol florece junto al jardín
al pié de la ventana.
De la noche,
. . . la nada.
Lo poco de ella, se quedó a contraluz
y se asfixiaron sus raíces.
Fue quizás la última.
La que será eterna
en el recuerdo de ese instante.
Por la tarde,
la hélice de tu barca se irá
buscando un norte que no conozco.
Y no podré subir.
No fui invitado por el destino
que me ha dejado
al cuidado de tu sombra.
Sombras que serán viajeras
y moradoras de mil crepúsculos.
Destino que quedará atado
a ese sólo instante.
Que quizás fue el último . . .
y donde quizás por esa última vez
me veré llorando,
aferrándome como un niño,
en el fondo de tus ojos.
en la oquedad del puño,
mientras el sol florece junto al jardín
al pié de la ventana.
De la noche,
. . . la nada.
Lo poco de ella, se quedó a contraluz
y se asfixiaron sus raíces.
Fue quizás la última.
La que será eterna
en el recuerdo de ese instante.
Por la tarde,
la hélice de tu barca se irá
buscando un norte que no conozco.
Y no podré subir.
No fui invitado por el destino
que me ha dejado
al cuidado de tu sombra.
Sombras que serán viajeras
y moradoras de mil crepúsculos.
Destino que quedará atado
a ese sólo instante.
Que quizás fue el último . . .
y donde quizás por esa última vez
me veré llorando,
aferrándome como un niño,
en el fondo de tus ojos.









