los cuento cada mañana
esperando verlos volver.
Dándome la espalda
acariciaste la noche,
y mis manos desesperadas
querían alcanzarte,
pero yo no las dejé.
Y te fuiste . . .
y me quedé apretando las sábanas
creyendo que mis puños
encarcelarían tu presencia.
Pero no fue así.
Igual te fuiste . . .
El sol cayó pesado en mi cuarto
y se posó en mi frente.
Calentando mis ojos
me despertó del sueño,
ese sueño donde un hilo
todavía me ataba a ti.
Y pude ver el bosque
a través del árbol
que crecía en mi ventana.
Y lo pude ver, cubierto de otoño,
desnudo,
llorando la última primavera
que lo hizo tan feliz.
Una lágrima mía,
fue testigo mudo
de la maravilla de esas hojas,
que en su caída,
se abrazaban a un adagio con el viento.
Y te fuiste . . .
sin siquiera dejar una huella
que pudiera seguir.
En mi ventana gotea el otoño.
Y en este cuarto solo,
la primavera que guardé para ti,
dejó de crecer.
Porque creí que cada rosa que cultivaba
te acercaba a mí.
Pero no fue así.
Igual te fuiste . . .
Y mi cuerpo se disfrazó de otoño,
y cada hoja que se me cae . . .
me duele a ti.
creyendo que mis puños
encarcelarían tu presencia.
Pero no fue así.
Igual te fuiste . . .
El sol cayó pesado en mi cuarto
y se posó en mi frente.
Calentando mis ojos
me despertó del sueño,
ese sueño donde un hilo
todavía me ataba a ti.
Y pude ver el bosque
a través del árbol
que crecía en mi ventana.
Y lo pude ver, cubierto de otoño,
desnudo,
llorando la última primavera
que lo hizo tan feliz.
Una lágrima mía,
fue testigo mudo
de la maravilla de esas hojas,
que en su caída,
se abrazaban a un adagio con el viento.
Y te fuiste . . .
sin siquiera dejar una huella
que pudiera seguir.
En mi ventana gotea el otoño.
Y en este cuarto solo,
la primavera que guardé para ti,
dejó de crecer.
Porque creí que cada rosa que cultivaba
te acercaba a mí.
Pero no fue así.
Igual te fuiste . . .
Y mi cuerpo se disfrazó de otoño,
y cada hoja que se me cae . . .
me duele a ti.

