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sábado, 25 de agosto de 2012

Mujer




Se esconde el ocaso en tus ojos,
maquillando el acaecer de las sombras.
Para trocarse en noche ardiente,
Para parir cueros hambrientos.

Cae el instante hecho verso,
 entre los guijarros blancos de tu boca,
para volverse poema embravecido.
Engalanas mi piel con un beso,
soltando las riendas a los sentidos.

Me ahoga el iracundo aroma de esas rosas,
buscadoras de perlas, en mis sueños.
Heraldas .  .  .,
de intangibles deseos,
cabalgan su brío en mis espaldas.

Le crecen alas a la cintura,
acompañando el vuelo de gónadas.
Apretado queda el sol entre las lunas,
desgajando el cielo entre tus senos.

Los tejados maúllan el placer de una lluvia.
El grito es la antesala del devenir de lo cierto.

Rompe su ojal virgen la noche,
y se resbalan las lágrimas,
en un sollozado y elocuente silencio.

Se ha muerto la niña del cuento.
En su regazo han quedado sus sueños.
Ahora es recuerdo, de esa mujer,
que sin serlo,
dejó pegada su inocencia en mi lecho.


domingo, 19 de agosto de 2012

El sol de los cirios





El cascabel de los vellos,
acompaña el silencio del beso.
Quebrado el labio,
en la impaciencia de la sed,
suplica por el vendaval.

Transparente es el hilo,
que separa la piel.
Intangible es el espacio,
entre tú y yo.

El sol de los cirios
desgrana las sombras
que dibujan filigranas
en las espaldas.

Son puñales las yemas,
que aprietan con placer el dolor.
Sinfónico el respiro,
que jadea un nombre
sin la voz.

Retiene el cuello
el mudo grito de las gargantas.
Danzan las sombras,
acompañando el fuego tibio,
de las candelas que se apagan.

Se mezcla mi río en tu cauce,
salpicándote con su agua clara.
El sol hace alba en tus ojos.
Y tu sonrisa .  .  .,
 es madrugada en mi mañana.

Raya el día alumbrando el ventanal.
El humo presagia
la agonía de las velas.

Y con ese hálito de denso gris,
desaparezco en la ausencia.
Solo tú, encenderás mi esencia
para arder en flama otra vez.