he hilvana estrellas cómplices
de la locura.
Plasmados los espéctros,
vigilan silentes, como dos lunas,
se roban algunas sombras
dejando solo harapos de luz.
Y en esas penumbras,
tus ojos duermen.
Y en ese silencio elocuente,
tu respiración se calla.
Recojo en mis yemas,
el sudor crudo de tu espalda.
Y en mi boca yacen,
todos los límites
de tu cuerpo que descansa.
Flagrantes tus poros,
denuncian la impasible ambrosía.
Disfrazados de basalto negro,
tus ojos me claman,
pero el tiempo se hace arena en mis manos.
El sol en tu frente,
anuncia mi partida.
La noche desteje sus eslabones,
y deshilvana las estrellas cómplices
de la locura.
Y te abrazas a mí,
junto al olor de tantos sueños.
Y la distancia aparece.
Y el día dice adios,
cimbreando
en mis manos apetecidas.
Y en esas penumbras,
tus ojos duermen.
Y en ese silencio elocuente,
tu respiración se calla.
Recojo en mis yemas,
el sudor crudo de tu espalda.
Y en mi boca yacen,
todos los límites
de tu cuerpo que descansa.
Flagrantes tus poros,
denuncian la impasible ambrosía.
Disfrazados de basalto negro,
tus ojos me claman,
pero el tiempo se hace arena en mis manos.
El sol en tu frente,
anuncia mi partida.
La noche desteje sus eslabones,
y deshilvana las estrellas cómplices
de la locura.
Y te abrazas a mí,
junto al olor de tantos sueños.
Y la distancia aparece.
Y el día dice adios,
cimbreando
en mis manos apetecidas.










