las tumbas de los bien paridos,
como se puede aceitar el óxido
del miserable.
Todo da igual
en el mundo dividido
por profetas de poca talla,
que perfuman la mentira
para que parezca verdad.
La voz se calla y el río se turba,
trayendo lágrimas sucias
cuando el cauce se baña
en el lodo mediocre.
El cansancio del cuero
se hace frágil.
Los azotes crispan
el alma del esclavo
que ahuyenta el dolor
en la misericordia de su Dios.
El cuervo ha hecho nido
en la banca,
para cuidar de cerca
sus pichones.
Para alimentarlos de pájaros caídos.
Para comer el ojo de quien se asome.
Benditos los dientes
que explotan en la ira
para hacer oír su voz.
¡ Libre al fin la palabra !
que no es trueque de mercado.
¡ Libre el pensamiento !
del hombre subyugado.
¡ Ay !. . . de aquellos
mercaderes del hambre.
¡ Ay !. . . de quienes
lucran con el dolor.
La moneda,
siempre que se arrojó
mostró su cara,
porque la plebe,
siempre llevó la cruz.
Las cadenas han sufrido
la herrumbre de los años.
Los pueblos se han levantado,
y erguidos . . . ,
caminan llevando esa voz .
En el aire,
se huele el aroma de la VICTORIA.
mercaderes del hambre.
¡ Ay !. . . de quienes
lucran con el dolor.
La moneda,
siempre que se arrojó
mostró su cara,
porque la plebe,
siempre llevó la cruz.
Las cadenas han sufrido
la herrumbre de los años.
Los pueblos se han levantado,
y erguidos . . . ,
caminan llevando esa voz .
En el aire,
se huele el aroma de la VICTORIA.



