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jueves, 22 de agosto de 2013

Hojas de otoño





Enmascarado en su falsa mudez,
el badajo oxidado del tiempo
aturde el paisaje nupcial del ocaso.

Inevitable es el llanto del otoño
que ve, 
como en su último peregrinar,
las hojas relajan las tensiones,
sabedoras ya,
de la proximidad de la muerte.

Y todo prosigue en un goteo constante.
Una clepsidra de recuerdos,
que acompaña la coreografía de cada hoja
en su postrera danza.

Y el sol que cae como plomo
agrietando el horizonte.
Y nuestra luna que aún no sale,
cautiva tal vez, 
en el cubil de las sombras.

¡Pálida ha de ser la estrella
que me acompañe esta noche!

¡Ay amor!

¿Es que todos mis otoños han de ser así?
¿Es que mis nostalgias
jamás se vestirán de primaveras?

Si tan sólo pudiera alcanzar
el lugar donde te escondes. . .
He pensado que quizá. . .
podría parar el curso
de este sol y la luna.

Mañana florecerá de nuevo
la primavera de los otros.
Y yo caminaré nuevamente,
el abismo ciego en el que te he perdido.

Porque soy una hoja más de este otoño,
que peregrinará hasta la humedad
de tu suelo. . .
su inevitable destino.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Caronte







Al fin el sol
ha soltado una lágrima.
Ácida, hirviente . . . de magma.
Se quiebra el vuelo del ave
que ya no encuentra el norte.
Y yo, espero la sombra
en las raíces de la orilla.

El silbido de un ánima
tumbó el último segundo,
y con él,
se desataron mis años de espera.
Siempre aquí,
hechando raíces
en esta enlodada orilla.

El óbolo es agrio metal
bajo mi endurecida lengua,
pero es mi seguro pasaje
a la ribera extraña del Aqueronte.

El remo cala hondo las aguas
llenando el silencio
de espumas removidas.
El mascarón de proa rompe la niebla
y emerge el esperpento de Caronte.
El barquero que me llevará
al vergel del Hades donde te encuentres.

¡ Ay alma mía .  .  . !
Sólo un río me separa de ti.


jueves, 18 de octubre de 2012

Seremos polvo








Dormidas las mariposas
han quedado en tu carne.
Parte de ti
que fue parte de mí,
se mezcló con las sombras
y partió al norte,
donde el invierno es más frío,
donde la flor es de escarcha,
donde el sol ya no alumbra,
donde el amo es el olvido
y el recuerdo
solo es mesa de domingo.

Por el ventanal entra el universo
para depositarse en mis ojos.
El azul se hace cielo,
y la noche enlutada
salpica sobre el vidrio
las lágrimas de su viudez.

No logro que el espejo
refleje mi sonrisa.
Mis labios se fueron pegados
al último beso.
No logra mi aliento
empañar tu nombre.
Se fue con tu hálito
abrazado en el viento.

Te busco .  . .
en cada pliegue,
en cada arruga del tiempo.
Te busco entre los trastos.
Debajo del eco que esconde el silencio.

Te escapas, te burlas, te ocultas.
Eres sombra chinesca,
atrapada entre los muros
donde hierve mi locura.

Te llevaste lo poco.
Te llevaste lo mucho.
Hasta mi soledad se fue contigo
disimulada en la mortaja ocre
que vestía tu cuerpo.

Me queda la espera envejecida,
como bastón
de mis postreros latidos.
Me queda el marco enmohecido
de tu mejor rostro,
musa apetente
de tantas poesías.

Nuestra cama ahora es lecho
de mi último sueño.
Vagaré hasta encontrarte
en tu Reino de Hades,
y el alba, ha de ser testigo
de nuestro encuentro.

Seremos de nuevo polvo,
expandido en el universo.

martes, 11 de septiembre de 2012

Lágrimas de polvo









Antojadizo el cristal
dibuja los mismos recuerdos
tatuados en el paño
del vaho y la nostalgia.
Memoriosa la yema
se hace pluma,
surcando el empañado
para escribir su nombre.

El humo se hace capricho
de ese fantasma
que insiste en dibujarse frente a ti,
posado inerte,
en el borde del tintero
donde yacen secos
tus versos.

La palabra huele a óxido.
Las lágrimas se hacen polvo
recorriendo los mohines
abandonados de tu rostro.

Las vísperas de la primavera
te traen su aroma,
que te servirá de velo
para cubrir el hedor
de aquel setiembre trágico,
donde fallecieron los jardines,
donde se secó tu rosa y tus versos.

En el nudo
de tu garganta herida,
quedaron atascados los sueños.
Sueños .  .  .
que cada setiembre llorarán ,
lágrimas de polvo
y versos secos.