y envuelta solo en tu piel,
espérame. . .
Que el tul oscuro de las sombras
oculte la lámpara,
oculte la lámpara,
para que en penumbras puedas brillar más.
Deja que las agujas del silencio
hilvanen el aire,
y que esos charcos ahogados de caricias
salpiquen tu ser.
Se derretirá en tus vapores la luna
goteando sobre el cristal su envidia,
embadurnando la noche
con sus influjos furtivos.
Prestos y atentos tus labios,
aguardan mi embestida,
y filosa esa boca,
irá cortando mi sed.
La poca luz
va tomando todo lo que llevas dentro.
Los tabúes, tus miedos,
quedarán guardados en mí.
Pulcros tus movimientos
simulan tus deseos,
que en un acabable segundo,
perderán su compostura.
Pulcros tus movimientos
simulan tus deseos,
que en un acabable segundo,
perderán su compostura.
La noche se vuelve mortal
mientras te envuelve,
pariendo en el cielo,
las estrellas que te mojan.
El alba marcará el tiempo
para que despiertes.
Te sentirás distinta,
sin recordar mi rostro.
Porque fui sólo un sueño,
y en la penumbra. . .
no me dejé ver.







