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viernes, 20 de julio de 2012

Urraca azul





Salpica escarchas
la noche,
sobre el costado oscuro
del hombre.
Sublevándose las penas,
deciden,
no llorar más.

Los tajos hondos
de tus manos,
muestran el quebranto de una vida,
que se recostó inocente,
sobre una vana caridad.

Soeces las palabras prometidas.
Hipócritas, las manos del púlpito,
que las lava en agua bendita.
Palabras y manos,
duermen juntos a la par.

De tus medievales harapos,
las hilachas de la pobreza
cuelgan entre la ceguera.
Y te transformas en urraca azul,
convirtiéndote en suerte errante.

Condena injusta,
la del desvalido.
Cruz que llevarás a cuestas,
y por la que nadie ha de llorar.

La demagogia hablará de ti.
En las iglesias pedirán por ti.
En las cadenas serás eslabón de hielo,
que en pocos segundos,
se derretirá.

El sol calienta,
y el tiempo bostezó el ocaso.

.  .  . Escondida,
entre las arrugas de la indiferencia,
.  .  . liberada,
adornando esa luna que ya no mengua,
.  .  . irá tu alma,
vestida de urraca azul.


martes, 26 de junio de 2012

Los olvidados





El empedrado
es testigo de las suelas rotas.
Y de esas penas
.  .  . disfrazadas,
entre los hilos
que penden de tus ropas.

El sol se retira
sin derretir la escarcha.
Y en esa escasa tibieza,
se debilitan las cadenas
 de aquellos fantasmas,
que se convierten en hordas.

Se cuela la noche
por los bolsillos de la misericordia.
Y los harapos fríos del invierno,
.  .  . danzan
en ese fuego que les da placer.

Puentes, zaguanes y plazas,
son cómplices de esa penuria
que con su resaca a cuesta,
se tirará a descansar.

En las promesas de los patrones
está la cáscara del hueco,
.  .  . mismo hueco
en el que se hundieron
 .  .  . vanos,
tus sueños.

La madrugada encuentra inerte
entre cartones
. .  . tus huesos.

En esos puños cerrados
.  .  . el frío,
que no pudiste quitar.

Se congelan los aullidos
que nadie sabe escuchar,
cuando la noche se hace tumba,
de los no nacidos
y olvidados.