Salpica escarchas
la noche,
sobre el costado oscuro
del hombre.
Sublevándose las penas,
deciden,
no llorar más.
Los tajos hondos
de tus manos,
muestran el quebranto de una vida,
que se recostó inocente,
sobre una vana caridad.
Soeces las palabras prometidas.
Hipócritas, las manos del púlpito,
que las lava en agua bendita.
que las lava en agua bendita.
Palabras y manos,
duermen juntos a la par.
De tus medievales harapos,
las hilachas de la pobreza
cuelgan entre la ceguera.
Y te transformas en urraca azul,
convirtiéndote en suerte errante.
Condena injusta,
la del desvalido.
Cruz que llevarás a cuestas,
y por la que nadie ha de llorar.
La demagogia hablará de ti.
En las iglesias pedirán por ti.
En las cadenas serás eslabón de hielo,
que en pocos segundos,
se derretirá.
El sol calienta,
y el tiempo bostezó el ocaso.
. . . Escondida,
entre las arrugas de la indiferencia,
. . . liberada,
adornando esa luna que ya no mengua,
. . . irá tu alma,
vestida de urraca azul.


