Lágrimas que se secan
en el ardor de mis ojos,
ya ciegos,
ya ciegos,
de tanto mirar tu ausencia.
Se enmudece tu nombre
arrojado al viento,
en ese valle de ecos
que parece tan distante.
Guarecida en las sombras
te has ido,
y más que un puñado de mí
te has llevado.
Sólo tu imagen en mi espejo
quedó plasmada.
Y aquella flor,
que de un cantero,
para ti he robado.
Mercader
es el silencio de tu olvido.
Verdugo insano
que amalgama mis sentidos.
Guarecida en las sombras
te has ido,
y más que un puñado de mí
te has llevado.
Sólo tu imagen en mi espejo
quedó plasmada.
Y aquella flor,
que de un cantero,
para ti he robado.
Mercader
es el silencio de tu olvido.
Verdugo insano
que amalgama mis sentidos.
Apretujando en mi boca
el humo del hastío,
intento en su tibia niebla
dibujarte.
Pero artero y diablo
mi destino,
me sentencia a ver
como pálida tu rosa,
llora el último pétalo.
Lo siento caer mecido,
marchito y abatido,
en su fragancia seca.
el humo del hastío,
intento en su tibia niebla
dibujarte.
Pero artero y diablo
mi destino,
me sentencia a ver
como pálida tu rosa,
llora el último pétalo.
Lo siento caer mecido,
marchito y abatido,
en su fragancia seca.


