caen de a montones las estrellas
acaparando entre sus tesoros,
los deseos.
Parecen lágrimas del sol
enjugándose entre sus lunas.
El céfiro de abril,
desgrana sin saber
las amapolas.
Y entre las hojarascas sepias
de este otoño,
desfallecen los amores,
que no debieron germinar.
Y estos recuerdos
que tanto tardan en ser olvidos,
se convierten en dagas eunucas
que se vengan por placer.
En la piel solo queda el roce
y en los labios,
media gota de sabor.
Besos robados a media noche.
Palabras huecas
en boca de marionetas,
que maneja el amo de la mentira.
Y en los corazones rotos
de aquellos brotes,
el sueño
de transformarse en flor.
Sólo vislumbres,
relente efímero
como toda estrella fugaz,
que en el costado hueco del mar
desapareció con los deseos.
los deseos.
Parecen lágrimas del sol
enjugándose entre sus lunas.
El céfiro de abril,
desgrana sin saber
las amapolas.
Y entre las hojarascas sepias
de este otoño,
desfallecen los amores,
que no debieron germinar.
Y estos recuerdos
que tanto tardan en ser olvidos,
se convierten en dagas eunucas
que se vengan por placer.
En la piel solo queda el roce
y en los labios,
media gota de sabor.
Besos robados a media noche.
Palabras huecas
en boca de marionetas,
que maneja el amo de la mentira.
Y en los corazones rotos
de aquellos brotes,
el sueño
de transformarse en flor.
Sólo vislumbres,
relente efímero
como toda estrella fugaz,
que en el costado hueco del mar
desapareció con los deseos.


