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martes, 21 de agosto de 2012

Si me apodero de ti

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Si me apodero de ese tiempo 
que tan frágil y tenue
gotea silente en tus horas,
.  .  . nunca mía serás.

Si me apodero de ese aire
que es arpegio en mis silencios,
.  .  . ya no podré respirar.

Sólo seré mueca en tus noches,
fantasma divagando en tu portal.
Seré tal vez luna cautiva,
que servirá su menguante
colmado de lluvias donde te puedas bañar.

Si me apodero de tu ser
será tu piel vergel fértil,
donde mil rosas podré cultivar.
No tendrán sentido otras tierras,
.  .  . y no podré germinar.

Si me apodero de ti .  .  .,
ya no serás ese misterio ungido,
por la bohemia de mis noches.
 Se apagará la sed de mis letras.
Se convertirá en páramo el poema,
.  .  . y ya no podré versar.

Solo seré pensamiento,
abrigadero de un vendaval.
Seré resguardo del viento.
Cubil de sándalos,
con el que puedas soñar.


domingo, 12 de agosto de 2012

Poesía en tu espalda








Distraída la madrugada
desprende su rocío,
para caer inocente,
sobre el pétalo dormido.

El terciopelo inerte
se enjuga en la humedad
para abrir sus poros fértiles.

El vello impávido,
se tuerce de cansancio,
recostándose también,
en los brazos del pétalo,
.  .  . en la cuna de tu piel.

La pluma del poeta
va libando el zumo del néctar,
para esparcirlo en letras,
sobre la corola de esa flor.

Indómitos, cabalgan los versos
en la pradera mansa
de tu espalda,
rozando apenas,
con algún verbo,
la cáscara frágil que te cubre.

En el camafeo del pétalo
quedó tatuado
el lirismo de un verso.
Un céfiro de poesía,
que la flor nacida de tu piel,
eterna y fiel,
por siempre llevará.

lunes, 16 de julio de 2012

La dama negra








La mirada descansa
en el caprichoso amanecer
de esos ojos,
y el sol del alma
asoma en bostezos,
.  .  . dejándose caer.

Ondeantes los hilos
de basalto negro, flotan,
hasta reposar entre el rabo y la cintura,
enmascarando el llano,
donde florece la piel.

En esa espalda,
van tatuadas las marcas
del último deseo,
.  .  . las marcas,
que dejó el amor.

Descalza, en mudo silencio,
entre escasos rayos que la dejan ver,
se envuelve en la lluvia
que saborea su cuerpo,
.  .  . echándose a correr.

El manto oscuro
se devora de a tragos
su imagen,
esfumándose en un vórtice azul
de bosquejos.

Encaramada en ese rastro,
se va el alma,
.  .  . inconexa,
transformándose de a poco,
en polvo.
Llevándose consigo,
el hálito que le queda.

Entre los quiebres de las sábanas
y la nada,
queda el retazo de un corazón.
.  .  . Falleciendo,
latiendo en el último,
de los siete suspiros
de su sangre.

La dama negra pasó por aquí.
En su vahaje se ha llevado todo.

Solo ha dejado clavado en el lodo,
.  .  . siete puñales.
Uno por cada muerte,
 que por ella,
.  .  . él vivió.

lunes, 9 de julio de 2012

Esperando







Ha pasado el ocaso
encaramado en el corcel negro
del tiempo.
Y tu figura sigue allí .  .  .
Como un esbozo natural.

Se cuece la plata en tus cabellos,
y entre ese pálido carmín
poblado de perlas,
se mece tu voz .  .  .
en callado silencio.

Cobijado en tus párpados,
el gris cielo,
.  .  . explota,
convirtiéndose en lágrimas mías.

Has vuelto al polvo,
de cada madrugada,
para amanecer pegada
al paisaje del mar.

Enjaulada en la belleza,
 de tus huesos,
.  .  . bailas,
en cada puesta de sol.

Y yo sigo aquí .  .  .,
en la arena blanda.
Sentado en el hueco
que me presta el mar.
 
.  .  . Esperando,
que me devore el tiempo.
 
.  .  . Esperando,
el ocaso.

Y aquél corcel negro,
para eternizarme contigo,
y entre las mortajas del viento,
poder cabalgar.

lunes, 2 de julio de 2012

Heridas de la ausencia







Clama la lluvia tu nombre
en cada gota vana
que se desgrana en mi piel.

Mueren mis ojos
allende la niebla
.  .  . buscándote.

Tu ausencia
es arena en mis manos
diluyéndose en olvido.
Estigio calmo
que navego ciego,
entre nortes dormidos.

Vuelan los designios
entre avatares y espinos.
Lágrimas del alma
cristales de sed.

Voy tras el hado
cautivo en tus recuerdos.
Tras esos hilos de luz
que menguaron
con tu ayer.

¿Cuánto tarda en fallecer,
la ausencia en el olvido?
¿Cuánto tardan en sanar,
las heridas de un amor?

 

viernes, 29 de junio de 2012

El amor cuando es dolor.







Se enmascaran de desvelo,
aquellos sueños,
que hoy navegan en la nada.
Van buscando ese puerto
que los ampare.

Sueños vanos,
sueños rotos,
.  .  . arrojados,
desde el peñasco de los precipitados.

En las promesas de las rosas
se esconden las espinas,
y en el filo de esas púas,
el dolor de la traición.

En los besos arde
el sabor de la sequía.
En las manos,
.  .  . tristes,
yacen las escamas de una piel,
que supo ser pétalo de esa flor.

Suspiran tus lágrimas,
queriendo llegar al mar,
vano intento hambriento,
 que ha socavado tus ojos,
.  .  . para morir,
en los ríos de la furia.

¿ Qué es el amor,
cuando es dolor ?

Te vistes de armadura,
para evitar las heridas.
Y te abrazas a esa rosa,
.  .  . sin importarte,
las espinas.


jueves, 21 de junio de 2012

En la orilla contraria







En la orilla contraria
 al alma mía,
 nace la flor.
Y yo envuelto en mis alas rotas,
no puedo impedir
prohibirme,
 día a día,
.  .  .de su aroma.

Sólo en las tertulias del viento,
puedo escuchar su voz.
Vuela pegada,
a los silencios desaforados
que me castigan
en la quietud del ocaso.

Singulares recodos de sombras,
 se aproximan.
Y entre sus trenzas,
intento sujetar
la llegada de la noche.

Pero la noche,
 inevitablemente,
.  .  . cae,
y le dará de beber un rocío
que no es el mío,
desgranando lentamente
el rojo,
para que los nudillos de la ausencia
me golpeen la cara.

Cuando me cubra de cenizas el alba,
 dormiré
en el suspiro alado
del olvido,
sintiendo como explota
mi pecho, en su vacío.

Como poder volver el tiempo atrás,
aquél, en el que era polvo,
danzando entre el céfiro
y este río.

El cielo pinta su arrebol.
Y puedo ver como
en la orilla contraria
al alma mía.  .  .
crece exultante,
.  .  . la flor



sábado, 16 de junio de 2012

Ángel negro







Lunas que se cuecen
en los crisoles del alba,
llorando el fin de la noche.
Mariposas negras,
que aletean el manto,
espolvoreando en tu piel
un camino de estrellas.

Rocío devenido en lágrimas,
.  .  . solo por morir,
en la unión de tus labios.
Y ese calor tibio y malicioso,
que se manifiesta en los vellos
que se erizan.

Dormida entre sábanas.
Enredada entre pliegues,
la carne se apaga silente
tras la furia de las brasas.

Posado en tu aura,
observo el cansancio
que se mece en tus sueños.
Y al roce de mis yemas,
tus caderas hablan,
como si fuera un braile.

He dejado mi huella en tu cuello.
He mezclado mi sangre en tu sangre.

Quiere el sol
asomar sus despojos,
y en lo que queda de luna,
.  .  . envuelto en su halo,
me debo marchar.

Dormido en ti,
en el cubil de tu vientre,
quedará mi simiente.
Descansando en el tiempo
hasta la eternidad.

Despierta a tu vida,
.  .  . tan sólo, fui un sueño.

Mientras yo de tu luz,
.  .  . como un ángel negro,
 me tendré que ocultar.