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domingo, 29 de julio de 2012

Hundida en tus sueños


Enfurecida y mansa
descansa la madrugada sobre mí.
Miríadas de estrellas
desplomándose en mi espalda.
Relente de ti
que aún disfruto.
Sabor a licor ungido en mi piel,
y ese aroma iracundo
que yace plácido en mi cama.

El portal sigue abierto...
y aún estás ahí,
dormida...
abrazada a tus sueños
en un  pairo silencio.

Galopes de latidos en tu corazón 
puedo sentir.
Esbozos de sonrisas
reposados en tus labios.
Flagrantes tus poros,
entre vahídos,
aún respiran el cansancio.

El placer de verte mecida
navegando en tu vahaje,
inspira la tinta roja de mis versos.

Esa presencia ausente
me deriva, 
me lleva a conocerte,
a querer saber más de ti.

Pero te quiero ahí,
.  .  . inconexa,
hundida en tus sueños.
Para seguir sintiendo
que estás dentro de mí.

miércoles, 25 de julio de 2012

Sueños rojos






Hilvanados mis suspiros
con tu aliento,
se apoderan del aire.

Medias sombras,
medias luces,
que me permiten ver, 
como tus labios,
van desnudando mi silencio.
Y como tu piel,
va decorando,
esa ausencia incrustada en mí.

Para apagar esta sed,
la lluvia simple no basta.

Necesitas de mi mar.  .  .
Necesito de tu río .  .  .

Como olas,
rompiéndose en los peñascos,
es tu cuerpo .  .  .
cuando rompe contra el mío.

El rocío de tu piel
bebo en el cansancio,
de esta noche oscura y madura,
que se aferra a la madrugada.

¿Cuántos arco iris,
has colgado en ti .  .  .
después de la tormenta .  .  . ?

Amanece rojo,
sin el sol .  .  .
que huyó cómplice con la luna.

Te vas .  .  . ,
solo te vas,
y a mi piel regresa la ausencia.

¿En qué sueños volverás ?

¿Será esa noche en que la luna .  .  .
desaparecerá en tu río ?

¿Será en otro amanecer rojo
cuando el sol .  .  .
se funda con mi mar ?

Sé que volverás,
y colmarás de nuevo mi ausencia,
buscando esos arco iris .  .  .,
que solo en mis sueños tendrás.

viernes, 20 de julio de 2012

Urraca azul





Salpica escarchas
la noche,
sobre el costado oscuro
del hombre.
Sublevándose las penas,
deciden,
no llorar más.

Los tajos hondos
de tus manos,
muestran el quebranto de una vida,
que se recostó inocente,
sobre una vana caridad.

Soeces las palabras prometidas.
Hipócritas, las manos del púlpito,
que las lava en agua bendita.
Palabras y manos,
duermen juntos a la par.

De tus medievales harapos,
las hilachas de la pobreza
cuelgan entre la ceguera.
Y te transformas en urraca azul,
convirtiéndote en suerte errante.

Condena injusta,
la del desvalido.
Cruz que llevarás a cuestas,
y por la que nadie ha de llorar.

La demagogia hablará de ti.
En las iglesias pedirán por ti.
En las cadenas serás eslabón de hielo,
que en pocos segundos,
se derretirá.

El sol calienta,
y el tiempo bostezó el ocaso.

.  .  . Escondida,
entre las arrugas de la indiferencia,
.  .  . liberada,
adornando esa luna que ya no mengua,
.  .  . irá tu alma,
vestida de urraca azul.


lunes, 16 de julio de 2012

La dama negra








La mirada descansa
en el caprichoso amanecer
de esos ojos,
y el sol del alma
asoma en bostezos,
.  .  . dejándose caer.

Ondeantes los hilos
de basalto negro, flotan,
hasta reposar entre el rabo y la cintura,
enmascarando el llano,
donde florece la piel.

En esa espalda,
van tatuadas las marcas
del último deseo,
.  .  . las marcas,
que dejó el amor.

Descalza, en mudo silencio,
entre escasos rayos que la dejan ver,
se envuelve en la lluvia
que saborea su cuerpo,
.  .  . echándose a correr.

El manto oscuro
se devora de a tragos
su imagen,
esfumándose en un vórtice azul
de bosquejos.

Encaramada en ese rastro,
se va el alma,
.  .  . inconexa,
transformándose de a poco,
en polvo.
Llevándose consigo,
el hálito que le queda.

Entre los quiebres de las sábanas
y la nada,
queda el retazo de un corazón.
.  .  . Falleciendo,
latiendo en el último,
de los siete suspiros
de su sangre.

La dama negra pasó por aquí.
En su vahaje se ha llevado todo.

Solo ha dejado clavado en el lodo,
.  .  . siete puñales.
Uno por cada muerte,
 que por ella,
.  .  . él vivió.

viernes, 13 de julio de 2012

Destino








En las claras aguas de tu orilla,
encontré vagando,
.  .  . mi llanto.

Lágrimas que fueron rodando,
entre mares y ríos,
.  .  . penando.

En la vera mansa de tu abrigo,
encontré anclada mi voz,
.  .  . en quebranto.

Palabras y versos dormidos,
en tinta y papel,
.  .  . sollozando.

En los rosales de Hýpnos,
encontré mis sueños,
.  .  . colgados.

Tantos pétalos peregrinos,
a tu deidad,
.  .  . maniatados.

En la soledad de tu ausencia,
encontré un espejo,
. . . enterrado.

En él, un rostro partido,
y entre sus gajos,
.  .  . el  hado.


lunes, 9 de julio de 2012

Esperando







Ha pasado el ocaso
encaramado en el corcel negro
del tiempo.
Y tu figura sigue allí .  .  .
Como un esbozo natural.

Se cuece la plata en tus cabellos,
y entre ese pálido carmín
poblado de perlas,
se mece tu voz .  .  .
en callado silencio.

Cobijado en tus párpados,
el gris cielo,
.  .  . explota,
convirtiéndose en lágrimas mías.

Has vuelto al polvo,
de cada madrugada,
para amanecer pegada
al paisaje del mar.

Enjaulada en la belleza,
 de tus huesos,
.  .  . bailas,
en cada puesta de sol.

Y yo sigo aquí .  .  .,
en la arena blanda.
Sentado en el hueco
que me presta el mar.
 
.  .  . Esperando,
que me devore el tiempo.
 
.  .  . Esperando,
el ocaso.

Y aquél corcel negro,
para eternizarme contigo,
y entre las mortajas del viento,
poder cabalgar.

jueves, 5 de julio de 2012

Sueños furtivos

 




Se cincelan tus fronteras,
con el acaecer de las sombras,
.  .  . y caes,
como un manto impiedoso,
sobre mi cuerpo y mi brío.

En el ábaco de tus ojos
puedo contar los latidos.
Y hasta cuantos soles míos,
han quedado,
 en ese horizonte cautivos.

Con la espada de Damocles,
se parten los miedos y espinos.
El cieno y el junco en un lado,
.  .  . y en el otro,
el caudal bravo del río.

Déspota es el tiempo,
que desgaja sus horas,
con implacable tino.
Mercader celoso es el sol,
que le arrebata a mis brazos,
 con tu cuerpo, el estío.

La noche se duerme,
arropada en un febo mezquino.
Llevándose consigo mi luna,
.  .  . mi estrella,
.  .  . el faro,
de esos sueños furtivos.

lunes, 2 de julio de 2012

Heridas de la ausencia







Clama la lluvia tu nombre
en cada gota vana
que se desgrana en mi piel.

Mueren mis ojos
allende la niebla
.  .  . buscándote.

Tu ausencia
es arena en mis manos
diluyéndose en olvido.
Estigio calmo
que navego ciego,
entre nortes dormidos.

Vuelan los designios
entre avatares y espinos.
Lágrimas del alma
cristales de sed.

Voy tras el hado
cautivo en tus recuerdos.
Tras esos hilos de luz
que menguaron
con tu ayer.

¿Cuánto tarda en fallecer,
la ausencia en el olvido?
¿Cuánto tardan en sanar,
las heridas de un amor?