de tu rastro en mi almohada.
Duendes de tu ser,
que aún deambulan silenciosos,
bajo las sábanas cansadas.
Cristales de agua
que se cuelgan del espejo,
atesoran tu humedad y la mía,
y quien sabe, cuantos besos.
En el fondo de tus ojos,
moran los sueños que has tenido,
y en mis manos,
los cielos que he tejido.
La noche clavó su tiempo
en la madrugada,
y la luz distraída,
duerme un poco más
para retrasar tu partida.
En tu sed llevas mi sed,
y el sabor de tu alma apetecida.
La oscuridad se lleva el resto,
lo que en la luz,
no viviría.
Cuantas horas de mis días
deberán caer. . .
para que la noche,
cómplice de sombras. . .
otra vez nos preste su guarida.
y en mis manos,
los cielos que he tejido.
La noche clavó su tiempo
en la madrugada,
y la luz distraída,
duerme un poco más
para retrasar tu partida.
En tu sed llevas mi sed,
y el sabor de tu alma apetecida.
La oscuridad se lleva el resto,
lo que en la luz,
no viviría.
Cuantas horas de mis días
deberán caer. . .
para que la noche,
cómplice de sombras. . .
otra vez nos preste su guarida.















