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jueves, 9 de abril de 2015

Atrapados en sueños



Me acaricia el sonido perverso
de tu ínfimo roce.
Cruje sin querer
el deseo en tus labios,
al sellar la distancia.

Y tu humedad se hace río
erizando las fronteras de mi piel
cuando plana e incólume,
te recuestas en mi sombra.

Los pliegues desinteresados del aire
arropan tus aromas,
y tu cuero (de transparencias ungido)
atesora mi nombre,
que se escurre aún
por la clepsidra
de tus labios partidos.

El reloj clavó las horas
en el eterno y diminuto instante.
Y se congeló
junto al primer beso que te di.

Crispados y tensos tus muslos
se montan en alas
y exudas la furia,
adentrándo tu mansedumbre
hasta tocarme el alma.

Temblorosa e indefensa
tu piel se aferra a mis manos,
y un vahído intenso y agudo
se apiada inconfeso. . .
de ti y de mi.

Eros se desgranó de cansancio.
Y nuestros poros latientes y erguidos
abren su boca,
para beber del ralo racimo de cielo
que quedó.

Malévolo y tedioso es el sol
que despierta mis ojos.
Y camuflada entre su luz,
desaforada y silente. . .
te escapas de mi.

De tanto en vez,
Morfeo descuida sus redes.
Y entre los anaqueles acolchados de un sueño,
y el deseo de tu apretada boca,
sin querer mi nombre. . .
se escapará otra vez.

martes, 15 de abril de 2014

Esperando por ti




Cuanta malicia envuelve a esa postrera luz
que se retuerce en el ocaso.
Si hasta parece eterna la danza de la hoja
cuando el otoño la viste de mortaja.

Aún así, mi ojo sigue agudo,
pues estoy sentado aquí,
desde antes de llegar.

Imposible es para el polvo
esconderse de mí.
Tan imposible
como que este ocaso
y esta hoja,
me hagan llorar.

La muerte es esto,
la última luz devorada por las sombras.
El destino es esto,
la última hoja bailoteando un adagio
en el áspero vórtice del viento.

Muerte y destino
apareándose frente a mí.

Aún así, mi alma sigue esbelta,
y seguirá esperando aquí
hasta que decidas llegar.

Es posible que no existas
y que me harte de esperar.
O será quizás
que la brecha hambrienta del olvido
ha llenado mis poros de ausencias,
y entre tantas apetencias
nunca te haya visto pasar.


jueves, 22 de agosto de 2013

Hojas de otoño





Enmascarado en su falsa mudez,
el badajo oxidado del tiempo
aturde el paisaje nupcial del ocaso.

Inevitable es el llanto del otoño
que ve, 
como en su último peregrinar,
las hojas relajan las tensiones,
sabedoras ya,
de la proximidad de la muerte.

Y todo prosigue en un goteo constante.
Una clepsidra de recuerdos,
que acompaña la coreografía de cada hoja
en su postrera danza.

Y el sol que cae como plomo
agrietando el horizonte.
Y nuestra luna que aún no sale,
cautiva tal vez, 
en el cubil de las sombras.

¡Pálida ha de ser la estrella
que me acompañe esta noche!

¡Ay amor!

¿Es que todos mis otoños han de ser así?
¿Es que mis nostalgias
jamás se vestirán de primaveras?

Si tan sólo pudiera alcanzar
el lugar donde te escondes. . .
He pensado que quizá. . .
podría parar el curso
de este sol y la luna.

Mañana florecerá de nuevo
la primavera de los otros.
Y yo caminaré nuevamente,
el abismo ciego en el que te he perdido.

Porque soy una hoja más de este otoño,
que peregrinará hasta la humedad
de tu suelo. . .
su inevitable destino.

lunes, 25 de marzo de 2013

Ángel dormido








Era el ángel de tu custodia
hasta que desperté en tu boca
y bebí de tu humedad.
Hasta que rocé tu piel,
y me impregnó tu aroma
convirtiéndome en mortal.

Y rodé hasta tu averno
rompiéndome las alas,
y una gota fría
que pendía de tu cielo,
me quemó la mejilla.

Y profané las tumbas
donde fenecían mis sueños.
Y liberé los muertos
de mi felicidad.

Y tú estabas ahí,
. . . aún dormida,
sosteniéndome en tu boca.
Atrapándome en tu carne
para no dejarme volar.

Y me quedé en tu cielo,
abrazándome a tu infierno.

Y mordí de tu fruta,
para no ser ángel jamás.


lunes, 18 de marzo de 2013

Piel de otoño








Me antecede el tiempo
hurgando en mis recuerdos
como una yema inquieta
que no para de herirme.

Fui sólo un transeúnte
en tu cuerpo.
Un nómada placer
que de vez en cuando
te recorrió.

Fui quien llenó tus huecos.
El que te ungió el alma
de mí.

Fui aquél que acompañó tu sombra,
. . .esperándote.
Sombra que nunca abrazaste,
. . .ignorándome.

Hoy sólo quedan huellas,
. . .¡fantasmas!
deslizándose por el húmedo submundo
que duerme
bajo la alfombra ocre de tus hojas.

Y el otoño se adueñó de mí,
. . .y de ti.

Y se secaron  mis raíces,
. . .esperándote.
Y se cayeron tus hojas,
. . .ignorándome.

Nos regó la primavera
intentando apagar la sed.
Pero aquella flor en tu ser
falleció antes de nacer.
Fue entonces,
que mis ramas desnudas
jamás supieron que hacer.

Hoy tu piel sabe a otoño
y la mía a hojas muertas.

Demorado aún tengo
un beso en mis labios,
. . .esperándote.
Marchita tu piel
por los años,
. . .ignorándome.

 

viernes, 1 de febrero de 2013

Llueve







Llueve. . .
Y una gota absurda
se desgrana en mi frente.
Interrumpe el rumbo fijo
que llevaban mis ojos
y los hizo parpadear.

Estabas frente a mí,
. . .dibujada,
enredada en una nube.

Pude tocarte. . .
Aún tengo tu humedad
en mis manos.

Te imaginé tantas noches
recostada en esa luna.
Con tus galas blancas,
. . .embebida
en la bruma del mar.

Te soñé tantas veces
amanecida en mi sol,
que hoy no existe un arrebol,
sin que tu luna lo mengue.

Te entregué tanto de mí
que sin querer estoy aquí,
. . .mojándome
en esta lluvia sin nada.

Llueve. . .

Y una gota absurda
se desgrana en mi frente.

Y me devuelve el silencio.

Y me devuelve la luna
desvestida de tí.

Y me devuelve el sol.

Que otra vez en su arrebol,
no parará de llorar.


martes, 29 de enero de 2013

Tu piel







Esa piel . . .
tu piel,
en la que he dormido tantos sueños,
hoy desteje uno a uno
los hilvanes
que me ataban a ti.

Esa piel . . .
tu piel,
se desprende de mí,
como el vaho del labio
en el invierno.
Como esa hoja,
convertida en lágrima,
de algún árbol en otoño.

Esa piel . . .
tu piel,
ya no vive en mí.

Se fue con el adiós
y se llevó mis años.
Se llevó el secreto
que guardarían mis arrugas.
Se llevó mi vida . . .
porque después de ti,
yo fallecí.

Esa piel . . .
tu piel,
ya no me habita.

Se fue con mi ropaje
dejándome desnudo,
y ese roto retrato en el muro,
para que me pueda cubrir.

Esa piel . . .
tu piel,
ya no será como esa rosa.
Será esa llaga que arde.
Será ese hueso sin carne.
Hasta que me olvide de ti.


sábado, 22 de diciembre de 2012

En la orilla contraria







En la orilla contraria
 al alma mía
 nace la flor.
Y yo envuelto en éstas alas rotas,
no puedo impedir
prohibirme,
 día a día,
de su aroma.

Sólo en las tertulias del viento
puedo escuchar su voz.
Vuela pegada
a los silencios desaforados
que me castigan
en la quietud del ocaso.

Singulares recodos de sombras
 se aproximan.
Y entre sus trenzas
intento sujetar
la llegada de la noche.

Pero la noche,
 inevitablemente
 cae
y le dará de beber un rocío
que no es el mío,
desgranando lentamente
el rojo
para que los nudillos de la ausencia
me golpeen la cara.

Cuando me cubra de cenizas el alba
 dormiré
en el suspiro alado
del olvido,
sintiendo como explota
mi pecho en su vacío.

Como poder volver el tiempo atrás,
aquél en el que era polvo
danzando entre el céfiro
y este río.

El cielo pinta su arrebol.
Me duele ver como
en la orilla contraria
al alma mía
crece exultante,
.  .  . la flor

jueves, 13 de diciembre de 2012

Te fuiste.








La niebla no pudo cubrir tus pasos,
los cuento cada mañana
esperando verlos volver.
Dándome la espalda
acariciaste la noche,
y mis manos desesperadas
querían alcanzarte,
pero yo no las dejé.

Y te fuiste .  .  .
y me quedé apretando las sábanas
creyendo que mis puños
encarcelarían tu presencia.

Pero no fue así.
Igual te fuiste . . .

El sol cayó pesado en mi cuarto
y se posó en mi frente.
Calentando mis ojos
me despertó del sueño,
ese sueño donde un hilo
todavía me ataba a ti.

Y pude ver el bosque
a través del árbol
que crecía en mi ventana.
Y lo pude ver, cubierto de otoño,
desnudo,
llorando la última primavera
que lo hizo tan feliz.
Una lágrima mía,
fue testigo mudo
de la maravilla de esas hojas,
que en su caída,
se abrazaban a un adagio con el viento.

Y te fuiste .  .  .
sin siquiera dejar una huella
que pudiera seguir.

En mi ventana gotea el otoño.
Y en este cuarto solo,
la primavera que guardé para ti,
dejó de crecer.
Porque creí que cada rosa que cultivaba
te acercaba a mí.

Pero no fue así.
Igual te fuiste .  .  .

Y mi cuerpo se disfrazó de otoño,
y cada hoja que se me cae .  .  .
me duele a ti.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Deseos fugaces








En el costado hueco del mar
caen de a montones las estrellas
acaparando entre sus tesoros,
 los deseos.

Parecen lágrimas del sol
enjugándose entre sus lunas.

El céfiro de abril,
desgrana sin saber
 las amapolas.
Y entre las hojarascas sepias
de este otoño,
 desfallecen los amores,
que no debieron germinar.

Y estos recuerdos
que tanto tardan en ser olvidos,
se convierten en dagas eunucas
que se vengan por placer.

En la piel solo queda el roce
y en los labios,
media gota de sabor.

Besos robados a media noche.
Palabras huecas
en boca de marionetas,
que maneja el amo de la mentira.

Y en los corazones rotos
de aquellos brotes,
 el sueño
de transformarse en flor.

Sólo vislumbres,
 relente efímero
como toda estrella fugaz,
que en el costado hueco del mar
desapareció con los deseos.


jueves, 6 de diciembre de 2012

Dame una señal







Miro ese cielo
apretujado de estrellas
donde solo una luna cabe.

En ese edén inmenso
del que se desprenden gajos
de oscuridad y silencio,
puedo ver tus ojos
y en algún momento espero,
que tu cuerpo caiga sobre mí.

El rocío. . .
que he confundido con mis lágrimas,
moja mi cara.
Bebo de él
porque allí te encuentro.

Te busco en ese infinito
porque se que estás.

En esta soberbia quietud,
queda revelada tu presencia.

Me siento desnudo de mí
porque nada tengo.
Desarropada ha quedado mi alma
porque te has llevado todo.

Regresaré aquí,
todas las noches de mis noches
a beber de mi rocío
hasta verte parpadear.

Matando mi tiempo en contar
cada estrella nueva que aparezca
e implorándole a ese cielo,
que te deje notar.

¿ Cuál de todas serás. . . ?
Me repito hasta el cansancio.

Hazme una señal,
para partir este silencio.
Y en este cielo inmenso
 brillaré junto a ti.

jueves, 29 de noviembre de 2012

La última lágrima, la última hoja.









Los violines suenan lejos,
tan lejos,
que su melodía llega agostada.
Hastiada de treparse en los árboles
para poder sonar.

Esa melodía de tu voz
ya no la siento,
se enreda en esas ramas
que nunca pude alcanzar.

¿Cuántas lágrimas han caído?
¿Por cuántas grietas han corrido
para poderse encausar?

Pero esta fue la última
y en su caída al vacío,
no pudo echar vuelta atrás.

La lluvia rueda en el aire
sin poder asirse en la nada 
para poner fin a su destino.
Golpea muda la calle
sin romper el silencio,
que sigue sin hablar
respetando la ausencia.

Piso el otoño
deshojado en mi vereda.
Hojas secas, pintadas de sepia,
que ocultan las huellas
que dejaste al partir.

El relente dice que la lluvia cesó.
Que ese ácido de tu olvido,
ya no quemará mi piel.
Que en el vapor de los sapos,
agonizante se va tu historia.

El viento juega entre la hojarasca
llevándose las humedades.

Pegada, adherida .  .  .
como un claustro recuerdo en mi suela, 
caminará conmigo también,
la última hoja de este otoño.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Entre rojos y sombras




Se visten de rojo las sombras,
aislando el sol de la calle.
Lo demás.  .  .
es solo atmósfera,
que ronda en titubeos,
de lunas y valles.

Y en ese rojo de sombras,
pesa liviano tu cuerpo en mis brazos
empapado en el cansancio,
de un amor furibundo.

Tan cerca de ti me encuentro,
que puedo beber
un poco de tu alma.
Que puedo allanarte,
de caricias la espalda.

Tan dentro de ti me siento,
que puedo sentir
el latir de tu calma.
Que puedo enjuagar
en tu ser mis entrañas.

Entre rojos y sombras
te encuentro.  .  .
y agazapada tu piel  me llama.
 Sordo es el grito,
que mi nombre exclama.

Entre rojos.  .  .
tus ríos son fuego.
Entre sombras.  .  .
mi sed lo apaga.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Todo huele a ti







Esa lluvia
que le da muerte al silencio,
que lo doblega,
que lo abarca,
cae verduga
vestida de negro
para ganar la batalla.

El cristal recoge sus ojos
y sintiéndose vencido,
 se pone a llorar.

Todo huele a ti.
La noche huele a ti . . .

Es elocuente y tensa
la espera,
cuando no se sabe que esperar.
La rosa parece insulsa,
parece rosa nada más.

Todo huele a ti.
La madrugada huele a ti . . .

Implacable golpea la lluvia
embadurnando de lodo el jardín.
La rosa, sigue pareciéndose a una rosa
que se resiste a sucumbir.

Todo huele a ti.
La lluvia huele a ti . . .

Menos la rosa,
que sólo parece rosa,
desde que te alejaste de mí.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Caronte







Al fin el sol
ha soltado una lágrima.
Ácida, hirviente . . . de magma.
Se quiebra el vuelo del ave
que ya no encuentra el norte.
Y yo, espero la sombra
en las raíces de la orilla.

El silbido de un ánima
tumbó el último segundo,
y con él,
se desataron mis años de espera.
Siempre aquí,
hechando raíces
en esta enlodada orilla.

El óbolo es agrio metal
bajo mi endurecida lengua,
pero es mi seguro pasaje
a la ribera extraña del Aqueronte.

El remo cala hondo las aguas
llenando el silencio
de espumas removidas.
El mascarón de proa rompe la niebla
y emerge el esperpento de Caronte.
El barquero que me llevará
al vergel del Hades donde te encuentres.

¡ Ay alma mía .  .  . !
Sólo un río me separa de ti.